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lunes, 3 de agosto de 2009

Por encima de los 60º Norte. Parte VI


Oslo se erige en punto de partida y final del periplo por tierras noruegas, al igual que estas aves tenemos una fecha de retorno. La ciudad, pese a tener un término municipal muy extenso, cuenta con un centro histórico que puede recorrerse en un día. El tráfico es escaso debido al considerable peaje que tienen que desembolsar quienes hacen uso del coche en la ciudad. Un sistema de cámaras de vídeo se encarga de controlarlo al milímetro.
El edificio de la ópera constituye todo un reto arquitectónico, una concatenación de planos y curvas donde la luz acaricia el interior en su punto justo.
El parque Vigeland se brinda muy fotogénico, sus conjuntos escultóricos representan escenas, desde lo más cotidiano hasta metáforas sometidas a múltiples interpretaciones. Los seres representados en las rejas, al modo de dioses etéreos, cobran vida por encima de los visitantes.
Ya dejo de dar la tabarra con este intenso trayecto, para buscar otras interpretaciones. Espero que la serie haya sido de vuestro agrado.

viernes, 31 de julio de 2009

Por encima de los 60º Norte. Parte V



Dejamos Bergen envueltos en lluvia y niebla, luego el viento nos acompaña a lo largo de la travesía en ferry por los fiordos de Bjorna y Bokna. Una vez a bordo del autobús, cierta congoja se apodera del personal más sensible, al internarse en los túneles submarinos de Rennfast, a 275 metros de profundidad bajo el mar, por espacio de siete kilómetros. Ello nos depara alcanzar Stavanger sobre las ocho de la tarde, que no es atardecer ni mucho menos, el Sol se pone sobre las 12:30 de la noche y las 02:45 ya es pleno día, no hay que olvidarse de la latitud Norte. Hay que dormir con las cortinas bien cerradas o te vuelves loco con tanta luz.
Estamos en una ciudad con acento de puerto marinero, donde por casualidades de la vida está atracado de nuevo el galeón sueco Gotteborg que zarpó de Aalesund cuando la visitamos. Es un buque escuela de la armada sueca que realiza una singladura por Noruega.
Lo más destacable del conjunto urbano es el puerto y la catedral, que para nosotros vendría a ser una iglesia grande sin tanto boato, pero como es la única que tienen, pues la potencian.
Por la mañana, zarpamos en un catamarán para recorrer el fiordo de Lysefjord, la lluvia racheada se hace patente, pese a lo cual la embarcación se aproa junto a una catarata, un marinero llena un cubo de acero del improvisado manantial y reparte el mineralizado líquido entre el pasaje.
Un buen puñado de expedicionarios han partido del hotel con la idea de ascender al Preikestolen, una especie de púlpito natural desde el que se domina visualmente el amplio fiordo –pronúnciese en su lengua fiuurd- la guía noruega se empeña en pronunciar pulpito y en desanimar al personal, con lo cual el cachondeo se generaliza a partes iguales con la incertidumbre, puesto que el descenso con las rocas mojadas incrementa el riesgo de caídas.
El nómada no dudaría en lanzarse a la escalada, pero la rodilla no perdona. Alguien me interroga sobre qué hacer, con una ojeada al barógrafo de pulsera les auguro buen tiempo en 45 minutos (998 milibares en ascenso pronunciado). Se lanzan sin dudarlo pertrechados con la bandera española, la cual izan en el peñasco y se fotografían con ella, como si hubiera culminado un 7.000. Al retorno me dan la razón y me tildan de gurú de la meteorología. Simples ayudas de la tecnología japonesa.
De todas las imágenes me quedo con la de este velero que transmite un diálogo ser humano – naturaleza que no precisa traducción.

martes, 28 de julio de 2009

Por encima de los 60º Norte. Parte IV



Bergen no oculta su vocación de puerto marinero, diríase que la ciudad, arropada por siete colinas, gira en torno a la actividad marítima. Lo más curioso de este lugar son las casas de madera, reconstruidas en varias ocasiones, ya que los incendios hicieron de las suyas. En la época en que esta localidad perteneció a la Liga Hanseática, controlada por los alemanes, tenían éstos tal pavor al fuego que prohibieron cocinar individualmente, por lo que se impuso un fogón colectivo.
El mercado de pescado es hoy día una torre de Babel, raro es el puesto donde no se habla español, ya que somos la nacionalidad que más visitamos esta localidad, la oferta va más allá de los suculentos frutos del mar, en realidad es un mercadillo en toda regla, en el que conviven el salmón preparado de varias formas con fresas, grosellas, pieles, jerséis de lana, figuritas de troles y un largo etcétera.
Los precios, como en muchos lugares de Noruega, están pensados para tirar de tarjeta sin miramiento, por lo que la opción culinaria más interesante es acudir al mercado del pescado.
Una cervecita en un bar normalito se sube a los siete euros. Las bebidas alcohólicas de fuerte graduación como el ron, güisqui y similar no se venden en los supermercados, hay que mercarlas en una tienda especial del gobierno, el único edificio que cuenta con rejas por todas partes. A mayor abundamiento está prohibida la ingesta de tales bebidas en la vía pública, si quieres hacer botellón te lo montas de refresco ‘pelao’ y ‘mondao’
En un extremo del puerto se alza la torre Rosenkrantz, cuyas imágenes tal vez utilice más adelante para alguna fantasía de las que suelo insertar.
La subida en funicular a Floyfjellet es una experiencia interesante, desde su mirador puede contemplarse una panorámica de la ciudad.
La lluvia aparece cuando menos te lo esperas en este lugar, por lo que el paraguas se convierte en compañero inseparable.

domingo, 26 de julio de 2009

Por encima de los 60º Norte. Parte III


Tras pernoctar a orillas de un enorme largo en Skei, que estas gentes pronuncian Schei –misterios de la ortología escandinava- partimos con el autobús de buena mañana hacia el Sognefjord, traducido fiordo de los sueños.
Dejamos a la izquierda de la ruta unas pequeñas cabañas, en torno a las cuales triscan las cabras, actualmente los refugios no tienen uso humano, pero antes era tradición que cada familia de Skei enviara a la mayor de sus hijas, para que durante todo el verano cuidase de la piara caprina, con la vecindad de otras chicas de igual condición. Estos lugareños no eran unos desalmados, no seáis tan duros, cada 15 días estaba reglado que subieran los mozos del pueblo a visitar a las pastorcillas, quienes a buen seguro precisaban de ayuda masculina para el ordeño de aquellos animales.
En ruta visitamos una de las iglesias de madera más antiguas del país, quedan pocas, los incendios destruyeron una buena parte de ellas
Navegando el fiordo de los sueños se abre unas vistas fantásticas, cataratas y espesos bosques dejan paso de vez en cuando a aldeas salidas de postales. Las gaviotas son ya como de la familia, lo mismo han aprendido algo de español, por lo que se acercan por su ración de golosinas. Mientras en el restaurante del barco, una esbelta rubia de 1,85 se afana en preparar unos deliciosos pancake noruegos que están diciéndome cómeme.
Desembarcamos en la pintoresca localidad de Flam, de la cual parte un trenecito que trepa hacia Myrdal, por una pendiente del 5,5%, algo fuera de lo común para un ferrocarril sin cremallera ni otros artilugios similares. Los amantes de las dos ruedas tienen la opción de alquilar bicis para subir por una senda paralela, ellos paladean mejor que nosotros los numerosos ríos que discurren a uno y otro lado de la pista, las cascadas sublimes que se anuncian con su sonido característico por laderas escarpadas.
La crónica seguirá en la próxima entrada con Bergen, donde la fonética hace de nuevo de las suyas, al pronunciarse Brigen.

jueves, 23 de julio de 2009

Por encima de los 60º Norte. Parte II



El segundo día de periplo, por tierras de vikingos, nos deparó que fuéramos todos como corderitos al autocar, por suerte pudo el conductor evitar llevarse uno de verdad por delante. Hoy se hace más llevadero el trayecto, atravesamos el Storfjord, para continuar por el idílico Geiranger. Descendemos por la carretera del águila, excavada en la cornisa de granito de la montaña, un merengue para ciclista con ganas de escalar.
El fiordo está muy concurrido por lo que coincidimos con otros viajeros que hacen la ruta en cruceros de diversos portes, algunos afortunados se dan el gustazo de recorrer el fiordo en helicóptero.
Unas gaviotas se aproximan con milimétricos planeos a la cubierta del barco, donde comen de la mano de algunos pasajeros galletas y similares, la alimentación de las aves se interrumpe al pasar por la catarata llamada de las Siete Hermanas, si bien algunas están más escuálidas que otras, el cambio climático empieza a dejarse sentir. Encontramos en las riberas varias cabañas cuyo único medio de comunicación con la civilización es la vía marítima, todo el entorno es una postal labrada por la naturaleza. Tras el desembarco ponemos rumbo terrestre hacia el glacial de Briksdal, haciendo escala en el lago Hornindals, el más profundo de Europa.
La aproximación a pie al glacial supone un respiro de tanto vehículo. Un nutrido grupo de japoneses optan por el pago de 20 €, para ser transportados en unos vehículos parecidos a los usados en los campos de golf. Hasta hace unos años el desplazamiento se podía hacer en carretas tiradas por caballos, pero un día uno de los equinos se tornó rebelde pendiente abajo y desparramó a 16 orientales por un barranco, por lo que se acabó la tracción animal.
El deshielo del glacial deja unos ríos que bajan con tal ímpetu, que al pasar por el puente la ducha está asegurada, entre el arco iris que nos recibe.

martes, 21 de julio de 2009

Por encima de los 60º Norte. Parte I


Os dejo la primera entrega de la serie, mientras continúo con el paquete. En algunos casos la calidad de las imágenes no es la esperada, ya que el viajar en autobús tiene muchos inconvenientes, sobre todo el no detenerse en lugares que el fotógrafo considera apropiados, por lo que hay que recurrir al viejo truco de modo deportivo y forzar la ISO al máximo (1.600 a ser posible). De este modo se dispara a 1/1000 de segundo y se soslayan las fotos movidas. Que no vale dejarlo todo el rato en modo normal, que los automatismos no dan para tanto.

Este lote corresponde al primer día de viaje, desde Oslo a Aalesund, nada menos que 563 kms por unas carreteras estrechas, atiborradas de autocaravanas y lo más gracioso, a ritmo de pava, lo cual supuso el martirio de ocho horas encajonado en el autocar, casi me olvidé como se caminaba al bajar. En este país han dedicido minimizar el impacto ambiental, por lo que apenas cuentan con autovías, mantienen los trazados de los años 60, con doble sentido, eso sí con un asfalto perfecto y túneles por todas partes, algunos discurren bajo el mar a más de 275 metros de profundidad, durante varios kilómetros, peaje al canto por supuesto. A veces llego a pensar si no tendrán complejo de topos con tanto excavar galerías subterráneas.

lunes, 20 de julio de 2009

Ocupado

Holanda desde el cielo.
No penséis que estoy en las nubes con las fotos, se trata de un paquete superior a 500 imágenes, entre las cuales hay que seleccionar y ajustar los niveles de las más resultonas. Semejante tarea no me deja ni tiempo de ir al lavabo. Por cierto el rótulo que hallé no está trucado con Photoshop, simplemente así se destacaba el de hombres, en el área de la pared del troll, un lugar muy interesante por las cascadas del deshielo.
No precisa más indicaciones.

domingo, 19 de julio de 2009

Caricias de Sol

Fuera tiestos electrónicos para dejar paso a la magia


Alas metálicas, atrapando los reflejos de un Sol que se resiste a marcharse (por encima de los 60º de latitud Norte, en estas fechas, la noche apenas dura dos horas), tal vez como este viajero se asoman los rayos solares para despedir Oslo, tras un apretado periplo al estilo de Willy Fog, sólo que casi a toque de corneta de un tour organizado. Opción que no recomiendo a persona alguna con una mínima dosis de independencia.
Tal vez sean tantas millas, pies de altura o coronas cambiadas, lo que provoca que ande saturado de tanto traslado.
En los próximos días insertaré más material. Ahora toca una cerveza bien fría, tras una semana de abstinencia forzada. Noruega es un país donde los impuestos devoran las apetencias alcohólicas, tanto es así que se prohíbe su venta el día de las elecciones. En España es justo lo contrario, se precisa andar poco sobrio para creer en la retahíla que nos cuentan. Ellos se lo pierden.

Impresiones

Todo es subjetivo, dejemos volar el yo imposible.

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Tratando la conjución de ocurrencias e imágenes. No pongo música porque se cabrean los de la SGAE.