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martes, 27 de julio de 2010

Vaticano por todas partes


Entrar en el Vaticano y pensar que quienes gestionan el tenderete hicieron voto de pobreza, no es más que una burla a la inteligencia del más obtuso de los mortales, si esto es privación de bienes materiales, ¿qué será de la castidad? Hasta un palustre y una especie de martillo de oro, con mango de marfil e incrustaciones de diversas piedras preciosas, se exhibe sin pudor alguno. ¿Será para la esforzada albañilería de los prelados? La mayor tomadura de pelo se da en la Capilla Sixtina, un “siseador” profesional se pasa todo el tiempo pidiendo silencio de este modo al visitante, es decir tú no puedes comentar nada, en cambio los guías turísticos largan sin miramiento sobre tales o cuales detalles, tendrán bula papal, digo yo.
La entrada es preferible reservarla por Internet, aunque ello suponga desembolsar cuatro euros extras de sobreprecio, ya que las colas en la taquilla normal son kilométricas desde primeras horas de la mañana. Puedes tirarte tranquilamente dos horas hasta que te llega el turno.
Atesorar lo inimaginable, mientras te piden que marques la equis en la declaración de la renta, ya es tener fe en la capacidad acrítica del personal. La riada de turistas que a diario se agolpan en aquellos contornos supone una inyección de euros que ríete de las ventas de refrescos de cola americanos. Cada pontífice que pasó por aquellos muros buscó subir un punto más el boato, que se note el poderío, nada de tíos andrajosos correteando descalzos Galilea y largando contra los ricos.
Como en todas partes cuecen habas, en estos pagos hispanos aún más, los “peperos” de la Xunta de Galicia proclaman que “despanocharán” 4 millones de euritos de las arcas públicas con motivo de la visita del baranda del Vaticano a Santiago. Resulta que el Papa además de líder espiritual es jefe del Estado Pontificio, con lo cual nos toca correr con los gastos. Se ve que el papa-móvil gasta mucha gasolina o así. Tampoco se sabe si el evento lo organiza el bigotes y sus colegas, que al igual que regalaban trajes en Valencia ahora les da por obsequiar túnicas al pontífice a cambio de la salvación eterna.
El jugar con pólvora ajena no es pasatiempo exclusivo de los acólitos de Rajoy. Los rojazos del tripartito catalán, tan independientes ellos, ni se atreven a confesar la pastizarra que sacarán de los contribuyentes con motivo de la inauguración de la Sagrada Familia por Ratzinger. TV3 se dispone a echar la casa por la ventana para que su señal llegue a todos los rincones del planeta, así el hambre se combatirá con ondas hertzianas en lugar de panes y peces. En el casino de la estupidez el crupier no para de vocear: “Hagan juego, ¿alguien da más?".

martes, 20 de julio de 2010

Callejero romano


Nada mejor para tomar el pulso a la Roma callejera y, por qué no decirlo, turística que internarse por los alrededores de la Fontana de Trevi. Te zambulles en un verdadero hervidero humano, por lo que la captación de los monumentos sin gente –manías del nómada- es una tortura infernal que obliga a agudizar el ingenio. Aunque un mimo sin una sonrisa infantil es tanto como un maniquí en un desván.
El transporte público deja bastante que desear en cuanto a pulcritud, el aire acondicionado le suena a bielorruso a muchos vehículos. La bofetada a la pituitaria está asegurada. Aún así es el medio más económico y efectivo para desplazarse, si quieres evitar el vampirismo de las agencias y sus excursiones más light que un plato de agua.
La plaza Navona congrega un buen número de visitantes en torno al conjunto escultórico que ennoblece sus fuentes. También existen en Roma abundantes surtidores de agua potable fresca gratuitos. ¿Quién dijo que no se producían los milagros en la ciudad “santa”? Ya está bien de hacer el primo a base de pagar dos euracos por un botellín de medio litro en los puestos callejeros, regentados en su inmensa mayoría por pakistaníes. No sé por qué me recuerda esto a don Vito y la familia.
En la ruta hacia el Tíber no conviene dejar sin visitar la plaza da Fiori y el dédalo de callejas que la circundan, el mapa mejor que te hagas un gorrito con él y preguntes al personal nativo, que suelen dar todo tipo de facilidades. En algo nos parecemos.
Tenderetes donde repostar no faltan en aquellos lugares, pues lo mismo te venden calabacines en flor que unos jamones un tanto travestidos. En esto el nómada es más devoto de los “santos” patrios Gijuelo y Jabugo.
El día se remata más a gusto entre el laberinto de callejas y terracitas del Trastévere, pero sin entrar al trapo a la primera de cambio. Hay que estudiar con lupa la lista de precios.

Otra opción para escapar al trajín urbanita son los jardines que rodean villa Borghese. A la entrada del museo te requisan la cámara de fotos y el móvil nada más pagar 11 euros en la “biglietteria”. Si quieres imágenes te retratas comprando cartolina (postales). Lo siento no hubo manera de plasmar las obras de Bernini allí custodiadas.
Sólo fatla por reseñar la visita al Vaticano, de la cual algo adelanté en la primera de las entradas de esta serie

viernes, 16 de julio de 2010

Coliseo ibérico


Entre tanta ruina, el visitante llega a la conclusión de toda obra erigida ad maior gloria del gobernante no es más que una burla del destino. Eso sí, duraban un rato largo más que las fastuosas chapucillas de Espe, Pepiño y similares. En nuestro coliseo ibérico los leones andan de vacaciones. Los gladiadores de siempre tras haberse cruzado unos cuantos mandobles de pega, merecen “ambos dos”, que diría un colega, que toda la grada señale con el pulgar a tierra. No se trata de pedir que se abran en canal mutuamente, sino que dejen de salir a la arena para amansar a las fieras con un tridente romo y unas redes por remendar. Entre tanto el procónsul Montilla, con la complicidad del césar Zp, amenaza con cruzar el Rubicón de la carta magna. Aquí cada cual rebusca en el baúl de la historia, para justificar señas de identidad perdidas con el tirano y que arrancan justo en el miliario que interesa. Puestos a remontarnos lo mismo resulta que Viriato era del Alto Ampurdán; por lo tanto el imperio cometió una tropelía contra la Generalitat y ahora hay que resarcir a ésta, a base de esclavas nubias y oro de las leonesas Médulas.
Para reponerse de este tráfago lo mejor será tomarse embutidos y una fruta mientras en piaza Navona se escucha aquello de ¡forza España!

lunes, 12 de julio de 2010

Peregrino al revés




Una escapada por la encantadora y caótica Roma inaugura el periplo estival del nómada. Quien visitó, entre otras cosas, el Vaticano con más curiosidad que fe. Aunque volvió con toda ella arruinada. Motivos: 
  • Comprobar in situ la obscena ostentación que atesora la llamada “sucursal” de Dios en la tierra.
  • Arcaísmos como la guardia valona saludando militarmente al paso de un sacerdote en pleno siglo XXI.
  • El tenderete de cobrar una pasta por admirar una parte de lo que aquellos muros atesoran (ganado con el esfuerzo del sudor ajeno).
  • La fenicia prohibición de fotografiar para venderte las postales… 
Así podría desgranar un rosario de factores. La mayor multinacional del planeta rebosa de ánimo de lucro y escasea de generosidad.
Merece la pena deleitarse con la creación humana, contemplar esas cúpulas de proporciones perfectas, extasiarse con un espontáneo coro de indígenas que interpretó de viva voz un aleluya que ponía los pelos como escarpias de la emoción, cuestiones teologales al margen. Los curas encargados de vigilar los despacharon presto, no sea que la santísima Trinidad se moleste con quienes pagan poco.
Lo mismo que algunos turistas en la inmediaciones del Coliseo posan junto a voluntariosos legionarios romanos por una moneda (el césar Berlusconi parece que da pocos panes); hallé una novia asiática que preparaba el disparo con retardo de su cámara para aparecer con su cónyuge con la plaza de San Pedro al fondo. Cuestión de escenografía.
En sucesivas entradas daré más detalles, sobre la capital, si bien hay que advertir toda la ciudad es un exprimidor de turistas. Este traje del renacimiento es pura metáfora te sacan los cuartos hasta de los mismísimos gemelos del Sur.

Impresiones

Todo es subjetivo, dejemos volar el yo imposible.

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