Se nos exige grabar un reportaje de actualidad con unas cámaras de vídeo, harto complejas de conseguir por la burocracia decimonónica, tal vez ideada por alguna mente de Torquemada “resurrecto”. Lo mismo el plan de Bolonia viene a desembocar en paga y búscate la vida, a incrementar el autoritarismo de una minoría de docentes que confunden la libertad de cátedra con el látigo del cochero de la diligencia, perseguido por unos guerreros sioux un tanto gritones.
Cuando le preguntas, al que cobra por enseñar, qué tamaño de letra preparas para los rótulos en pantalla, te mira como si le hablaras de mantisas e integrales discontinuas al indio pintarrajeado del espagueti western. El sheriff del poblado mientras tanto mata el tiempo rellenando currículos ¿para apoyar a Rusia? Tal vez.
