(1) Neologismo sacado de la manga a partir de de comprar y patía, afección o dolencia.
Imágenes e ideas con fotos propias
(1) Neologismo sacado de la manga a partir de de comprar y patía, afección o dolencia.
Apenas vuelvo a escapar de mi retiro forzado, encuentro a la alegre banda de Zp enfrascada en vendernos la chatarra dialéctica de lo sostenible, quien sabe si en un arrebato místico, la orensana ministra de las cifras, ha llegado a concebir la curva de la demanda emergiendo cuan nenúfar del estanque, para deleite de jardineros monclovitas, que mejor debieran hacer un curso de reciclaje del INEM para obtener el carné de hortelanos, a juzgar por cómo crece el berenjenal de los de la rosa y el puño.
Alguna ex ministra ha quedado con la cara “partía”, todo por haber usado el AVE para colocar un DVD, proclamando lo fetén de su gestión en época electoral, a modo de Ibertren con mando a distancia. Tan entusiasmada estaba con el juguete que no se percató del gran hermano que todo lo ve. Ahora una sentencia del Tribunal Supremo rechaza su excusa de pasarle la patata caliente a Renfe. La teoría del malvado revisor, que introduce “pelis” de “extranjis”, cuando el convoy se aproxima a tierras hispalenses no coló. Eso sí puede respirar tranquila por la condena, nada más que 660 euritos. Para más información pinchad aquí.
PD. En cuanto tenga más hueco me pondré al día con las lecturas.

El agua en la Luna parece ser la redención de la humanidad, tal como dan la noticia en diferentes medios. Como prueba de la gesta colocan una fotografía. La cual, salvo para astrónomos experimentados, tiene la misma convicción que las misteriosas caras de Bélmez de la Moraleda. Las denominadas teleplastias traían -a juicio de los versados en fenómenos paranormales- un mensaje desde el más allá. La NASA ahora se empeña en que vayamos a por agua mucho más allá de la fuente del pueblo, la de toda la vida.
Una vez agotados los recursos del planeta los Obama boy’s ya tienen solución para nuestros problemas. En cambio nosotros haciendo el oso, sin invertir en despachurrar satélites; sin animarnos a levantar la cuenta de resultados de la deprimida industria automovilística de Chicago; empeñados en no hablar inglés, aferrados al mileurismo y a una larga lista de fiestas autóctonas, con el botellón como máximo exponente de consumo.
Queridos míster Marshall y aduladores de pelaje variado, no os debo una explicación como alcalde de mi voluntad y por lo tanto no os la voy dar.
Salto del pish en el valle de Arán (Lérida). España. Foto de archivo propio.

En vista del temporal de viento que mece la popa de la moto como patera en mitad del estrecho, incluso parada en los semáforos, toca amarrarse al noray del estudio. Es turno de devorar elucubraciones de sociólogos prolíficos en darle a su jerga –supongo que al menos les valió para comprar mandarinas en el mercadillo o algo así- toda una condena para alcanzar el trance místico de aprobar Opinión Pública.
En otro orden de cosas, me llaman jocosamente la atención las declaraciones a la radio de una “lideresa” andaluza del PP, cuando afirma que por culpa de subir el IRPF a los futbolistas, vamos a pagar todos los goles más caros. Ignoro que dieta seguirá esta buena mujer. El caso es que cuando cojo el carrito del hipermercado echo hasta algún que otro capricho gastronómico, enológico incluso, pero hasta el momento los tantos de los galácticos no pasan por mis fogones. Tal vez la carta de la clase política esté en otro idioma, por eso no la entiendo.
Foto de mi archivo. Puerto Marina. Benálmadena. Málaga.
Me escapaba siquiera fuera por el ojo de una cerradura, por lo que el sábado puse rumbo a Osuna (Sevilla), ciudad que cuenta con numerosas obras arquitectónicas de magnífico porte, tanto en lo civil como en lo religioso. Incluso para mi sorpresa –mi “whiskypedia” personal cuenta con lagunas- tiene Universidad desde 1549. El edificio alberga actualmente varias áreas comunes, pero al ser día no lectivo se hallaba cerrado. En tiempos pretéritos no gozó de gran reputación, a juicio de Cervantes: “En Osuna y Orihuela todo cuela”. Torres Villarroel también la puso a caer de un burro. Dejemos el pasado para los historiadores y no hagamos leña del árbol caído, que tampoco el día con 30º C a la sombra está para hacer candelitas.
En la arquitectura popular actual me llama mucho la atención que abunden las casas con su única entrada destinada a aparcamiento como antesala, una vez traspasado ésta, viene el acceso a la vivienda, careciendo de entrada peatonal directa a la calle. El personal ha pasado de colocar una imagen del sagrado corazón u otra advocación, a situar el vehículo como un “detente” de todos los males externos. Cada uno puede hacer de su capa un sayo y disponer de su morada a su antojo.
Otro detalle que llama la atención es el palacio edificado como Cilla de la Catedral de Sevilla, que nada tiene que ver con los asientos para los fieles, sino que venía a ser un almacén donde se recaudaba el diezmo destinado a la basílica hispalense. Votos de pobreza más bien pocos, según se infiere del despliegue ornamental.
Sería harto prolija la enumeración de todos los palacios, conventos e iglesias que pueblan Osuna, por lo que recomiendo al visitante que se arme de buen calzado y paciencia para recorrer el casco urbano, en el que echo en falta más lugares de restauración. Las pastelerías quitan el hipo y predisponen a inyectarse una buena dosis de monosacáridos.
Osuna bien vale un fin de semana, pero con más fresquito.
Dejo varias imágenes de Antequera (Málaga).
Tras una semana de presión intensa, cargado con los grilletes de las espesas asignaturas de empresa, ascetismo a golpe de tecla, el cuerpo pide carretera. Dejaré atrás esas penumbras de horas pegado a la pantalla, esos patios silentes, esos programas que se encabritan con las fuentes, por no hablar de las importaciones de tablas dinámicas que luego resultan pura forja.
El libro de ruta para el puente está por escribir, a partir de mañana saldré a cosechar fotos, antes de que vuelvan a encadenarme a tareas tan peregrinas como hacer un estudio de mercado, para difundir humo tal vez. Alguien del claustro anda empeñado en vendernos la moto de las consultorías de comunicación, oficio tan respetable como cualquier otro –de algo hay que vivir- pero me seduce tanto como vender luz negra o zapatos sin suelas.
Los embalses del Guadalhorce, más conocidos popularmente como el pantano del Chorro, marcan este domingo el destino de un nómada abrumado por una semana intensa, dominada por la comunicación institucional, algo así como estructurar una herramienta de comunicación, para emitir información que glose la tarea de quienes rigen los municipios.
Se me ocurre a bote pronto crear una web dominada por un logo, compuesto por un chorizo XXXL que ocupe todo el ancho de la pantalla, que sirva de cobijo al lema: “Todo por la saca”, a la izquierda un “gif” animado de un buen jamón de pata negra, más que nada para recordar a la ciudadanía que se acerca la navidad, sutil insinuación de cómo hacer feliz a la sufrida élite del consistorio.
Ordenados en columnas, varios textos con letra muy clara e “hipervinculados” a las recalificaciones milagrosas; unos cuantos botones con destellos dorados, para indicar la ruta de los pagos en caja “B”; unas imágenes de transición desde unas zonas silvestres (en sepia, que dan idea de cosa ajada), a otras en alta resolución de adosados rampantes por la faldas de un cerro. La pega es que todo el mundo lo sabe, la clase política es absolutamente incorruptible; por lo que tomarían a chacota mi ibérica “website”; presumiblemente me condenaría al calabozo de los suspensos.
A lo que iba, que era a perderme más allá del majestuoso desfiladero de Los Gaitanes, a disfrutar de sol como un reptil, a soñar fantasías sugeridas por la erosión de la arenisca –un elefante aquí, el rostro de un gorila allá- a contemplar desde lejos la llamada casita del ingeniero, idílico lugar a orillas de la presa erigido y mantenido con cargo al erario, mientras se prohíbe el paso, como si del mismísimo Pentágono se tratara.
Menos mal que unas rústicas sopas perotas reconfortan al diseñador de páginas imposibles, aclaro que perote es el gentilicio popular de los naturales de Álora (Málaga). Despido los parajes de la presa, en el término de Ardales, haciendo cábalas sobre cómo han podido pasar tantos años sin que hayan surgido campos de golf y otras zarandajas por estas lomas. ¿Por qué no me callo? A lo peor me lee algún munícipe y me pide que haga la web en serio, cosa para la que no estoy preparado.