domingo, 16 de diciembre de 2007

Torres, piratas y espías (II)



Nuestro Rodrigo escapó milagrosamente lanzándose al mar desde un acantilado, ya que la marea estaba baja y se trataba de un lugar plagado de rocas y escasas zonas con profundidad, pudo nadar hasta una oquedad labrada por la fuerza de la erosión donde se ocultó hasta el anochecer, allí rumió su venganza contra la pérfida huésped que alojó en mala hora. A pesar de todo lo ocurrido quedó colgado de aquella visión del Edén y juró darle la vuelta a la tortilla concluyendo lo que había empezado, pero con un final distinto.

Cuando cayó la noche cerrada fue nadando hasta el pequeño abrigo donde los pescadores dejaban sus botes, tomó uno ‘prestado’, soltó amarras y puso proa hacia Motril, desde allí podría enrolarse con destino al Norte de África en cualquiera de aquellas goletas que no hacían muchas preguntas sobre el currículo del aspirante, pues a buen seguro que los causantes de tanto infortunio recalaban por aquellos puertos con asiduidad.

Tal era el berrinche de Yusuf, jefe de la horda, que a Laila le quitaron la suculenta paga y fue vendida como esposa a un rico comerciante de especias de Túnez.

Ella no estaba predestinada a dicho papel así que aceptó de mal grado su nuevo destino, en un palacio con todo lujo oriental, pero casada con un anciano poco favorecido y mal humorado que sólo pensaba en su dinero, se empeñó en sacarle el máximo provecho a la situación.

Su cónyuge, aváro hasta la médula, guardaba en un lugar secreto todo el lucro de su negocio. De nada sirvieron las múltiples estrategias urdidas por la casada hasta que pronto cayó enfermó el anciano, en lugar de las infusiones recetadas suministró al paciente Xarab Al-Malaquí (término designado para el vino moscatel como eufemismo que los dirigentes musulmanes usaron burlar la prohibición coránica de ingerir alcohol en estas tierras), junto con unas setas alucinógenas por lo que la papalina del afectado propició su confesión y su camino: junto al estanque en la desvencijada caseta de aperos del jardinero, tapada por azadones y almocafres ya inservibles una pequeña trampilla que daba acceso a un arca donde fue depositando su plan de pensiones el ahora agonizante Bensaid y que ahora iba a ser un bien privativo de su nueva beneficiaria.

Justo cuando se disponía a salir del pequeño recinto una sombra la interceptó:

- ¿Qué, otra vez arramblando?

No podía creerlo era aquel torrero que dejó tirado hace un año en un pequeño pueblo de España. Por su parte Rodrigo estaba dispuesto a cobrar más que las empresas de reunificación de deudas, capital más intereses convencionales, más elevados intereses de demora, más comisión por gestión de reclamación de posición deudora más…


- Puedo explicártelo todo, Yusuf y los suyos secuestraron a mi hija, me obligaron a hacer aquello o acabarían con su vida, no lo hicieron al final, pero la vendieron a un burdel de Tánger. ¿Tú cómo has llegado hasta aquí?
- La mía es una historia muy larga, no patrañas como las tuyas, pero en resumen supuse que vendrías a parar por estos paraísos judiciales, hice averiguaciones cuando di con tu paradero me hice pasar por jardinero y tu marido me ofreció un contrato basura que acepté por tenerte cerca, con la celosías en tus estancias y el velo no pude ver tu rostro, pero hablando con los otros sirvientes supe que estabas ahí, sólo faltaba esperar el momento adecuado a que vinieras a hacer caja.

Rodrigo hizo suya a la ladrona como mandan todos los capítulos del Kamasutra y alguna más de propia cosecha, recogió el finiquito en efectivo y se marchó dejando a la impostora encerrada bajo llave con la prueba del delito (el marido). Más tarde se estableció con identidad nueva como armador en el Puerto de Santa María y fue admitido como caballero de la Orden de Montesa con todos los honores.

Dinero, redención para unos perdición para otros.

3 comentarios:

María (Luna) dijo...

Hola R:

Al fianl de pobre nada...Digo por Rodrigo, ja,ja,ja.

Muy bueno el relato.

Besos

eros y tanatos dijo...

Aún no te leo... Es que quiero tener el tiempo para sumirme en tus palabras... Para flotar en su prosodia... Para perderme... (como debe ser).
Que grata sorpresa verte sobrevolar mi blog de vez en cuando... siempre queda una estela de luz...
Te espero...
Un abrazo de la Nada

Mª Ángeles Cantalapiedra dijo...

Guay... luego fotocopiaré la 2º para repartirla. Mola, sí señor.

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