
Estupa budista en Benalmádena (Málaga)

Hostal del Príncipe en Carratraca. Foto propia.El origen de este pequeño enclave, Carratraca, se debe a buena medida a las minas de níquel, hace tiempo abandonadas, pero sobre todo a las aguas sulfurosas, muy bien aprovechadas por romanos y otras civilizaciones dadas a las abluciones colectivas.
A buen seguro que buscando por la red halláis más fuentes e información mucho más completa, que la síntesis que pueda derramar por aquí. Simplemente desaguo estas imágenes del pueblo, las cuales pueden agruparse en dos bloques lo suntuoso de la otrora residencia de Trinidad Grund, hija del cónsul de Prusia e insigne dama de la oligarquía malagueña deminónica. El edificio en cuestión ahora alberga el consistorio, así como otros usos sociales.
Frente a este alarde de trabajo en forja que recuerda las labores de ganchillo, solo que a golpe de fragua, se alza la modesta arquitectura popular que encierra lo sencillo por bandera, como la fonda de la Pepa, atiborrada y largas colas los domingos en horas de almuerzo, el huésped se encuentra en un ambiente de familia humilde de los años 60, con todo lo quiche que ello conlleva, retratos de los abuelos junto a estridentes figuritas de sello asiático masivo. Más que en la guías y en las estrellas repercute en los michelines del personal el abundante condumio, de factura muy casera, que sirven regado con tinto de la casa y gaseosa, tal como la serie Cuéntame de TVE, pero en directo. Tienen pocas complicaciones con el álgebra, menú a ocho euros y punto, la autoría de la cocina, heredada de su abuela, sigue inmune al paso del tiempo, como algunos tejados que miran de reojo a los generadores eólicos que cierran el horizonte.
Existen jornadas en la que todo se vuelve un camino lleno de púas: hasta la rueda trasera de la moto se clavó un pernio, con el consiguiente latigazo en la primera rotonda; el equipo del que me veo obligado a formar parte, impuesto por el hitleriano sistema del profesor de TV, anda suspendido de las alturas, tal vez esperando un señal de Ganímedes, más inactivo que un avión de mármol, es decir que mejor mandar al mismísimo carajo la asignatura, no sin antes disparar una buena andanada contra la santa Bárbara de la nave del tirano. Estudiar periodismo es agriar cada día más la agenda y llenar el disco duro de cuestiones absurdas, todo justificado con la libertad de cátedra, término este que debe ser como la zarza que ardía sin consumirse a la vista de Moisés, que para mí la cosa huele a chamusquina desde hace rato.
Al menos termina el día con una llamada de agradecimiento, por la publicación en el diario Sur de la dedicatoria al fallecido compañero Barranco. Un anómalo florecer de la primavera en circunstancias especiales.
Desde esta mañana la inspiración de este autor de ripios y retales ha quedado tirada en la cuneta, como lo ha hecho la vida de un compañero del club ciclista, segada por un judas de infarto. El equipo con el presupuesto más elevado de todos ha decidido ficharte, tal vez se fijó en ti por las condiciones innatas de hombre todo terreno, me costó muchas horas de entrenamiento ganarte en algunos tramos de competición, pero el balance final es tuyo. Mientras que el resto de colegas protestaban de las rutas que yo diseñaba, eras tú el primero en acompañarme a realizar los entrenos, aún se repite el eco de tus palabras con esa retranca tan peculiar: “Cago en ‘dena’ ¿Cómo te las apañas, que te buscas lo pechanganos más duro del mundo?”.
Anhelaba planear el salitre
mecerse sobre miles de "pañolitos"(1)