martes, 28 de julio de 2009

Por encima de los 60º Norte. Parte IV



Bergen no oculta su vocación de puerto marinero, diríase que la ciudad, arropada por siete colinas, gira en torno a la actividad marítima. Lo más curioso de este lugar son las casas de madera, reconstruidas en varias ocasiones, ya que los incendios hicieron de las suyas. En la época en que esta localidad perteneció a la Liga Hanseática, controlada por los alemanes, tenían éstos tal pavor al fuego que prohibieron cocinar individualmente, por lo que se impuso un fogón colectivo.
El mercado de pescado es hoy día una torre de Babel, raro es el puesto donde no se habla español, ya que somos la nacionalidad que más visitamos esta localidad, la oferta va más allá de los suculentos frutos del mar, en realidad es un mercadillo en toda regla, en el que conviven el salmón preparado de varias formas con fresas, grosellas, pieles, jerséis de lana, figuritas de troles y un largo etcétera.
Los precios, como en muchos lugares de Noruega, están pensados para tirar de tarjeta sin miramiento, por lo que la opción culinaria más interesante es acudir al mercado del pescado.
Una cervecita en un bar normalito se sube a los siete euros. Las bebidas alcohólicas de fuerte graduación como el ron, güisqui y similar no se venden en los supermercados, hay que mercarlas en una tienda especial del gobierno, el único edificio que cuenta con rejas por todas partes. A mayor abundamiento está prohibida la ingesta de tales bebidas en la vía pública, si quieres hacer botellón te lo montas de refresco ‘pelao’ y ‘mondao’
En un extremo del puerto se alza la torre Rosenkrantz, cuyas imágenes tal vez utilice más adelante para alguna fantasía de las que suelo insertar.
La subida en funicular a Floyfjellet es una experiencia interesante, desde su mirador puede contemplarse una panorámica de la ciudad.
La lluvia aparece cuando menos te lo esperas en este lugar, por lo que el paraguas se convierte en compañero inseparable.

7 comentarios:

Mª Ángeles Cantalapiedra dijo...

Buenos días, niño patada de chica repollo.
Las palabras ya van al unísono de la calidad de tus fotos.
Estás logrando que haga el viaje desde el sillon de mi casa
kiss

Belén dijo...

Todos los sitios son iguales, solo que con sus cosas...

Y me gusta esta rutina-variedad

Besicos

La sonrisa de Hiperión dijo...

"La lluvia aparece cuando menos te lo esperas en este lugar, por lo que el paraguas se convierte en compañero inseparable."


Rutina donde el paraguas convive bajo el brazo, con el café mañanero del siempre lo mismo, porque es lo que hay...

Saludos!

Glo dijo...

Yo no consigo sacarle partido a luz suave de los cielos cubiertos. Y mira que llevo toda la vida bajo ellos.

Curiosas esas calles de madera. Serían todo un lujo en aquellos tiempos de barro, barro y más barro.

Chuspi dijo...

Me han encantado esas casitas marineras..son del estilo de la cabañita de madera de Hansel y Gretel. Siempre tuve debilidad por los barracones y esas cosas..
Tambien me han llamado la atención los platos que has mostrado.
Eso sí...lo de la cerve a 7 bolos, mu mal,mu mal.
Pero genial ver las fotos, que aunque no viajemos, la idea desde luego nos la hacemos con creces :)

Besines!

Sureña dijo...

Oye, ahora, como que Noruega me llama más la atención... :)

Besos

MAR dijo...

La lluvia aparece cuando menos te lo esperas en este lugar, por lo que el paraguas se convierte en compañero inseparable.
O COMO ES LA VIDA DE IMPREVISTA MUCHAS VECES........TE MOJAS Y SECAS NO MAS.
Besos para ti.
mar

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