jueves, 20 de diciembre de 2007

Cuesta arriba

Hay días que todo se hace cuesta arriba y no hay funicular que nos eleve más que nuestra propia energía, mientras que la barahunda regalera invade todo, la pendiente crece en desnivel cuando me enfrento a tanta tarea pendiente, pero subieron al Everest porque estaba ahí, lo mismo que me empeño en lograr otro título universitario pese al handicap de mi frágil memoria y la carrera de obstáculos que nos coloca una parte del profesorado por el mero de hecho de fastidiarnos las vacaciones y cribar luego con más facilidad para los examinadores.

martes, 18 de diciembre de 2007

Reflexiones a media voz


El amigo que no presta y el cuchillo que no corta, que se pierda poco importa, dice Don Quijote en las bodas de Camacho.

A veces encuentro gentes que son más raras que las poinsetias de la foto, pero uno anda menos cuerdo que aquel hidalgo y piensa que la amistad puede florecer aunque no le den ni los buenos días, siempre achaco a mi carácter extrovertido la causa del problema, lo cual deja inevitablemente un poso amargo. ¿Tanto cuesta decir al otro aquello que nos molesta? O por el contrario pensamos en clave de flor de invernadero, marchita a la más leve brisa.

Despiden muchas plantas la Navidad con silencio breve de pétalos y aroma de olvido mientras me retiro al gélido discurrir de teorías de plástico. Siempre guardo la esperanza con la batería cargada para descubrir nuevas especies exóticas que soporten los rigores extremos y se abonen con el calor de un simple gesto.






domingo, 16 de diciembre de 2007

Torres, piratas y espías (II)



Nuestro Rodrigo escapó milagrosamente lanzándose al mar desde un acantilado, ya que la marea estaba baja y se trataba de un lugar plagado de rocas y escasas zonas con profundidad, pudo nadar hasta una oquedad labrada por la fuerza de la erosión donde se ocultó hasta el anochecer, allí rumió su venganza contra la pérfida huésped que alojó en mala hora. A pesar de todo lo ocurrido quedó colgado de aquella visión del Edén y juró darle la vuelta a la tortilla concluyendo lo que había empezado, pero con un final distinto.

Cuando cayó la noche cerrada fue nadando hasta el pequeño abrigo donde los pescadores dejaban sus botes, tomó uno ‘prestado’, soltó amarras y puso proa hacia Motril, desde allí podría enrolarse con destino al Norte de África en cualquiera de aquellas goletas que no hacían muchas preguntas sobre el currículo del aspirante, pues a buen seguro que los causantes de tanto infortunio recalaban por aquellos puertos con asiduidad.

Tal era el berrinche de Yusuf, jefe de la horda, que a Laila le quitaron la suculenta paga y fue vendida como esposa a un rico comerciante de especias de Túnez.

Ella no estaba predestinada a dicho papel así que aceptó de mal grado su nuevo destino, en un palacio con todo lujo oriental, pero casada con un anciano poco favorecido y mal humorado que sólo pensaba en su dinero, se empeñó en sacarle el máximo provecho a la situación.

Su cónyuge, aváro hasta la médula, guardaba en un lugar secreto todo el lucro de su negocio. De nada sirvieron las múltiples estrategias urdidas por la casada hasta que pronto cayó enfermó el anciano, en lugar de las infusiones recetadas suministró al paciente Xarab Al-Malaquí (término designado para el vino moscatel como eufemismo que los dirigentes musulmanes usaron burlar la prohibición coránica de ingerir alcohol en estas tierras), junto con unas setas alucinógenas por lo que la papalina del afectado propició su confesión y su camino: junto al estanque en la desvencijada caseta de aperos del jardinero, tapada por azadones y almocafres ya inservibles una pequeña trampilla que daba acceso a un arca donde fue depositando su plan de pensiones el ahora agonizante Bensaid y que ahora iba a ser un bien privativo de su nueva beneficiaria.

Justo cuando se disponía a salir del pequeño recinto una sombra la interceptó:

- ¿Qué, otra vez arramblando?

No podía creerlo era aquel torrero que dejó tirado hace un año en un pequeño pueblo de España. Por su parte Rodrigo estaba dispuesto a cobrar más que las empresas de reunificación de deudas, capital más intereses convencionales, más elevados intereses de demora, más comisión por gestión de reclamación de posición deudora más…


- Puedo explicártelo todo, Yusuf y los suyos secuestraron a mi hija, me obligaron a hacer aquello o acabarían con su vida, no lo hicieron al final, pero la vendieron a un burdel de Tánger. ¿Tú cómo has llegado hasta aquí?
- La mía es una historia muy larga, no patrañas como las tuyas, pero en resumen supuse que vendrías a parar por estos paraísos judiciales, hice averiguaciones cuando di con tu paradero me hice pasar por jardinero y tu marido me ofreció un contrato basura que acepté por tenerte cerca, con la celosías en tus estancias y el velo no pude ver tu rostro, pero hablando con los otros sirvientes supe que estabas ahí, sólo faltaba esperar el momento adecuado a que vinieras a hacer caja.

Rodrigo hizo suya a la ladrona como mandan todos los capítulos del Kamasutra y alguna más de propia cosecha, recogió el finiquito en efectivo y se marchó dejando a la impostora encerrada bajo llave con la prueba del delito (el marido). Más tarde se estableció con identidad nueva como armador en el Puerto de Santa María y fue admitido como caballero de la Orden de Montesa con todos los honores.

Dinero, redención para unos perdición para otros.

jueves, 13 de diciembre de 2007

Torres, piratas y espías ( I )


Hasta cuatro veces fracasaron en sus intentos de desembarco los berberiscos de Yusuf el de las cejas tiesas gracias a la torre vigía que dominaba la bahía, la resolución y presteza de Rodrigo Núñez en tomar medidas avisando a los vecinos de la cercana población de La Cala echaba por tierra todos sus planes, pero la avaricia de aquella jarca no cesaba por hacerse con el fabuloso botín, que decían algunos haber oído relatar como fue escondido en la Cueva del Tesoro por el último rey árabe de Málaga, El Zagal, antes de su destierro a otro lado del Mar de Alborán.

Contrataron espías full time para saber más acerca del valiente torrero, para ver cuales eran sus costumbres, sus puntos flacos. Averiguaron que llevaba más de cinco años viudo, que perdió a su esposa en el primer parto y que cortejaba a algunas mozas de los alrededores sin mucho éxito.

Hallaron la solución trayendo desde Tánger con treinta dinares de oro a Laila, una exótica bailarina que encandilaba al personal con el contoneo hechicero de sus caderas, levantando a más de uno con la danza del vientre.

Siguiendo el plan urdido fue desembarcada la bailarina una noche de recios aguaceros desde una falúa cómplice que comerciaba con Motril para no levantar sospechas, ella iría con sedas ceñidas que al empaparse harían aún más voluptuosas sus formas. Llegó al pie de la torre sobre una borriquilla dando gritos.

- ¡Por vuestro Dios clementísimo ayuda para esta pobre mujer extraviada!
- ¿Quien sois?
- Raquel Benamar esclava del Cadí de Salobreña que me mandó a buscar aceite ‘nevaíllo’ a Torrox y no puedo continuar con este tiempo infernal.

Confiado nuestro hombre, al comprobar que venía sola, le tendió una escala de gato por el gran ventanal para que subiera por ella la visitante, ya que dichas construcciones se remataban sin puerta a nivel de suelo para estorbar el acceso a los asaltantes. A la titilante y anaranjada luz del fuego que reinaba en la gran estancia el embrujo de aquella mujer se potenciaba más, ella no paraba de dar tiritones mientras que el anfitrión le ofreció un vaso de vino con miel para confortarla.

- ¿Puedo secar mis ropas?. Vengo empapada y tengo mucho frío.
- Adelante pues muchacha.

El cuerpo de Laila envuelto únicamente en una fina túnica color morado, los años de abstinencia y la generosa bebida hicieron lo programado desde siempre, el recio y curtido vigilante por los mil soles de aquella torre albarrana se enredó entre los abrazos de la enviada, sin que él se percatara ella arrojó sobre las llamas de la chimenea unos polvos de color granate, era la señal convenida, el humo se tornó rojizo y los vapores de óxido de cinabrio dejaron a Rodrigo con la miel en la boca y sumido en un profundo sopor.

Cuando despertó al día siguiente estaba totalmente envuelto con una gruesa maroma y su boca amordazada. Los piratas se habían apoderado del pueblo y subían gentes a la gruta para ponerlos a buscar el ansiado premio.
Buscaron durante cinco días y cinco noches en vano, allí no había más tesoro que las estalactitas y estalagmitas que los siglos y el carbonato cálcico formaron. Dejaron su frenética averiguación porque avistaron acercándose mucho tres goletas reales que iban rumbo a Cartagena y hubieran sospechado de la embarcación en aquella ensenada, así pues levaron anclas a todo trapo con las manos vacías y su cómplice femenina a bordo.

Para el pobre Rodrigo la liberación de los gruesos cordajes fue para peor, ya que el cabreado vecindario se dispuso a lincharlo con garrotes del calibre sota de bastos, le acusaban de yacer con una enviada de Satán con grave riesgo de sus vidas y haciendas entre otras cosas.

Continuará…

martes, 11 de diciembre de 2007

Supongo


Cabalgando atardeceres desde mi atalaya
sólo las masas de nubes me llaman,
los atascos son recuerdos que se amalgaman
y chillan jugando a la andarraya

Supongo los comercios a rebosar
luces, señuelos, caja, tarjeta…
felicidad impresa como meta
se busca la magia de regalar

Me tomaré una copa a su salud
mientras sufre el atasco de turno
inmersa en ella la gran multitud

¿Devorará esta Navidad-Saturno
a sus hijos con total pulcritud
en un descuido nocturno?

sábado, 8 de diciembre de 2007

Palacio encantado

Allá por 1920 Eusebio era un chico de la burguesía adinerada local, no podía destacar más que en los estudios de Medicina por la férrea dictadura de su padre, cirujano director en el Hospital Civil, jefe en lo sanitario y sargento prusiano en lo familiar. Cuando el joven acabó la carrera sus arpías tías celebraron un conciliábulo para buscar novia formal a Eusebito, tras varias intervenciones se llegó al consenso de elegir como candidata a María Gracia, una “distinguida y agraciada señorita” en palabras de la prensa pelota y farisaica de la época, la afortunada tenía en su currículo el asistir con regularidad a novenas y rosarios, así como ayudar a su viuda madre en obras pías como el ropero de los pobres.
La chica en verdad era más pava que un plato de agua y en asunto de hombres tenía menos experiencia que en el manejo de la radioactividad, sumisa como se pedía a toda mujer decente llevó el noviazgo como un alivio de luto o por lo menos de actos religiosos. Eusebio era introvertido hasta delante del espejo procuraba no reflejarse y ninguna joven se hubiera fijado en él si no fuera por el binomio C + I = capital más interés.
Celebraron la boda los contrayentes con menos convencimiento que los políticos prometiendo en plena campaña. Las buenas rentas de ambas familias permitieron disponer a los recién casados de un palacete lujoso con su servidumbre decorosa y aparentosa, entre la plantilla de domésticas figuraba Anita, la ayudante del doctor en la consulta que abrió, especializada en sífilis y otras patologías venéreas tan en boga por esas fechas.

Anita provenía de una familia campesina de Vallejo, pedanía de Macharaviaya. Tenía ella la sonrisa acogedora como la bahía, el carácter dulce como la uva moscatel, la mirada magnética, el pelo crespo con un par de rizos que se mecían a ambos lados de su frente, en suma era una criatura angelical dotada para ser amada sin reservas.

Nuestro novel galeno tardó poco tiempo en sucumbir a los encantos de la muchacha y ella supo sacar de aquel hermetismo un hombre nuevo, a estas alturas quien haya leído ya lo supondría, no obstante la pareja reprimía sus deseos naturales no sin grandes esfuerzos.
Era tradicional festejar la “Veladilla del Carmen”, por lo tanto se preparó una gran gala para lo más granado de la sociedad, más que nada por conspirar con los poderes fácticos y trepar otro peldaño el joven licenciado
Al llegar la madrugada y retirarse la gente de orden, los invitados y la señora, Anita y Eusebio rompieron todas las cintas del corsé que sujetaron tanto sentimiento en un ángulo del patio, no contaban con que la santa e hierática esposa hilaba muy fino y vigilaba mejor que todas las cámaras ocultas, antes de que los felices adúlteros se hubieran terminado de besar bajó las escaleras con el revólver del marido y chillando: ¡A mí no se me engaña así!, disparó cinco balas que segaron la vida de los enamorados.
Para no dar pábulo a la habladuría popular se simuló un robo, a la homicida la internaron en un convento de monjas en Archidona y las diligencias fueron archivadas mediante providencia de su señoría.
El escenario del triste suceso fue tapiado a cal y canto, pero por una azotea contigua saltaban como gatos en la noche otras parejas poco confesables públicamente que relataron a sus más íntimos que cuando se besaron dentro del palacio surgieron en aquel mismo rincón del patio unas figuras de entre los azulejos devorándose a besos.
Los expertos en Parasicología y similares disciplinas han visitado el lugar en varias ocasiones, pero no han obtenido pruebas concluyentes.
La pregunta es: ¿aparte de tecnología avanzada iban dotados de enamorados dispuestos a besarse?
Si es que no saben ni investigar esta gente.

viernes, 7 de diciembre de 2007

Centrándonos


Al fín! Hallé un hueco para escapar de la esclavitud de tanto trabajo para la facultad. Me lancé al centro a buscar otras miradas sobre lugares conocidos y otros por descubrir.

Aunque a muchos nos parezcan monótonas y serias las calles que transitamos con cierta frecuencia, siempre habrá alguna nota que pondrá color en el trillado mosaico urbano y sirva como remedio de guardia para tanto agobio mental, provocando que las señales de prohibición inviertan su sentido: no a los pitidos, sí a la melodía improvisada de una mañana fría que limpia el ambiente sepia de una ciudad que se despereza.


Además siempre nos quedarán los puestos de flores de la Alameda con su sinfonía de colores, que no de olores puesto que la mayoría de esta mercancía llega hasta aquí en las bodegas de los aviones desde invernaderos remotos.





No faltará quien piense que todo es pose y locura, esperpento para esquilmar unas monedas a los viandantes a cambio de un recuerdo anedóctico. Pero estos y otros son los signos que nos identifican con un espacio geográfico creado entre todos, o por lo menos con los impuestos de todos los que pagamos.


jueves, 6 de diciembre de 2007

Estrechado


Como la palmera encerrada en el patio interior del palacio del obispo ando estos días, por el trajín académico con los trabajos que nos torturan en la facultad, pero prometo que me elevaré por encima de los alevosos tejados para captar la luz del resto de blogeros. Ya decían los árabes que este árbol era símbolo de la hospitalidad.

Impresiones

Todo es subjetivo, dejemos volar el yo imposible.

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Tratando la conjución de ocurrencias e imágenes. No pongo música porque se cabrean los de la SGAE.